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lunes, 25 de marzo de 2013

Momento bucólico

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Este fin de semana pasado, concretamente el sábado decidimos salir al campo para tomarle el pulso a la primavera y ver cómo iba… Pues la cosa va lenta, pero segura; auguro una primavera espléndida de color y florida en los campos y las montañas.
Al final nos metimos entre pecho y espalda 240 kilómetros de carretera entre la provincia de Barcelona y Gerona siempre por carretas secundarias y ajenas a las posibles aglomeraciones de tráfico y gente que para eso ya está la ciudad.

Lo que vi es que las lluvias de estas últimas semanas han dejado los campos de cultivo y los que no lo son, de un verde intenso precioso. La tierra está húmeda y ahora lo único que hace falta es que las temperaturas suban cuatro o cinco grados más un poquito de sol y estas campiñas se convertirán en un auténtico vergel. De todos modos muchos árboles y arbustos presentas ya incipientes brotes en las yemas de sus ramas, señal  inequívoca de que la madre naturaleza despierta de su letargo invernal.
Lo mismo sucede con los animalillos y sobre todo, donde se hace más evidente es entre las aves que empiezan a realizar sus primeros escarceos previamente  a lo que serán sus nidificaciones.

A media mañana por una estrecha carretera gerundense, vimos un espectáculo hermoso y me faltó tiempo para buscar un mínimo reducto (la carreterita no tiene arcenes y apenas pasan un coche en cada sentido) donde aparcar decentemente y sin suponer un peligro para la mínima circulación de vehículos que por allí había.
Me llamó la atención ver un gran rebaño de ovejas pastando en una pradera verde; estoy acostumbrado a ver enormes rebaños de ovinos pastar, pero tengo estas imágenes asociadas a campos secos, casi de rastrojos; campos de Castilla donde los colores ocres y amarillos son más abundantes que no los verdes de la Cordillera Cantábrica o Galicia.
Y claro, todas esas ovejas ahí, como puestas estratégicamente sobre ese manto verde, me sedujeron de tal modo que me pasé como unos veinte minutos haciéndoles fotos. El entorno era bello, bucólico diría yo, y donde además de la campiña se encontraba una pequeña ermita flanqueada por unos cipreses.

Aquí os dejo esta pincelada de un momento de paz y armonía con animales, campo y una atmósfera de niebla y lluvia.

Un gran abrazo a todos.

Ger.



ISO 100      70 mm      f/ 6,7       1/125 seg.     Sin flash     Sin trípode

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