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jueves, 16 de septiembre de 2021

Agua en blanco y negro

De finales de esta pasada primavera data mi última visita al venerado parque de Ordesa y siempre que regreso dedico al menos una jornada a realizar algún recorrido todavía no explorado por mí.

En esa ocasión, y con el deshielo más que finalizado lo que pretendía era retratar la que es, con sus aproximadamente 200 metros de altura, el salto de agua más alto de todo el parque nacional, me estoy refiriendo como no, a la cascada de Cotatuero.

En su día desde los miradores que se encuentran por encima de los dos mil metros, ya realicé algunas fotos con las que me quedé satisfecho pero ahora quería retratarla mucho más de cerca y con otros puntos de vista; la verdad es que no conseguí todos los encuadres que había imaginado pero es que la orografía manda y como tampoco soy de jugarme el físico, pues me dediqué a buscar alternativas.

En este inminente otoño que pronto nos visitará, seguro que además de “jugar” con el agua también podré hacerlo con esa paleta de colores tan hermosa que nos deparan nuestros bosques en esa época. Sin embargo este día de junio lo que tenía a mi alrededor eran tonos verdosos y como único contraste  un cielo azul casi inmaculado, por lo que me pareció que si lo que deseaba era darle protagonismo a la cascada, el blanco y negro le iban a sentar mucho mejor.

Y aquí la tenemos, se trata de un primer plano donde puede observarse como esa agua discurre entre enormes rocas salpicándolo todo y al fondo puede apreciarse parte de esa caída de doscientos metros.

Esto es todo, besos y abrazos.


Ger.

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jueves, 7 de noviembre de 2019

A solas en Soaso

Esta fotografía es justo de hace una semana es decir del pasado jueves  31 de Octubre, había llegado la noche anterior a Broto procedente del  Valle de Hecho y lo primero que tenía planificado hacer en Ordesa es una de las rutas más espectaculares que pueden hacerse en el parque, la que de manera circular pasa por: Pradera de Ordesa-Senda de los cazadores-Faja Pelay-Cola de Caballo-Gradas de Soaso-Pradera de Ordesa.
Tenía por delante 20 kilómetros para goce y disfrute de la vista, y de los sentidos en general, eso sí, todo ello con un pequeño hándicap y es que debido al cambio horario de la semana pasada era consciente de que iba a ir justito de luz para acabar la ruta y que no fuera de noche.
 Debido a esta afición mía por la fotografía, siempre que preparo una ruta sea por el campo, la montaña o un acantilado, tomo las referencias de tiempo para hacer la misma, simplemente como anecdóticas y es que normalmente suelo emplear casi siempre, o al menos en  ocasiones, el doble tiempo en hacerla “por culpa” de pararme a buscar encuadres, rincones, etc, y conseguir fotografías que ilustren lo mejor posible mi paso por un determinado lugar.
Así fue como aproximadamente empecé la ruta sobre las 7 de la mañana en la pradera y con un cielo encapotado que amenazaba agua,  cosa que  finalmente sucedió en pequeños intervalos mientras ascendía la Senda de Cazadores; tampoco duró mucho y  en cuanto comencé a caminar por la faja Pelay desaparecieron  por completo  las nubes y el resto del día me acompañó un sol fantástico  sobre un bonito cielo azul.
A medida que avanzaba  el resto de gente que ese día iba a realizar la misma ruta que yo, me iban adelantando  uno tras otro a pesar de haber comenzado lógicamente mucho más tarde que yo,  pero es lo que tiene llevar a la espalda 15 kg de material fotográfico incluido un hermoso  trípode.  Aun así tenía que contenerme, de lo contrario cada diez pasos estaría parando para volver a realizar otra foto, similar quizás a la anterior pero con algún detalle ínfimo que la hacía diferente.
 Finalmente llegué a la cola de caballo sobre las 18:00 y cuando me iba aproximando  había perdido ya de vista cualquier persona que fuera de bajada hacia la pradera. Las únicas personas con las que coincidí ya el resto de la tarde-noche, fueron dos chicos que habían llegado a ese mismo punto que yo pero desde las gradas de soaso y que estaban haciendo una breve parada para continuar camino del refugio de Góriz.
Yo como no, me recree haciendo algunas fotos en la mítica Cola de Caballo aprovechando que la tenía toda enterita para mi sin nadie más en los alrededores.  Me entretuve también  porque buscaba la foto que hoy os muestro, y que no era otra que mostrar como el sol dejaba sus últimos rayos sobre lo alto del circo de Soaso. Ahí como puede apreciarse, mi única compañía eran las vacas que seguían pastando en esa zona donde acostumbran a encontrarse. El momento fue único con esa penumbra ya sobre mí y esa luz dorada que iluminaba en lo alto.  Hice la fotografía pero cuando ya empezaba a bajar con cierta ligereza hacía la cascada principal de las Gradas de Soaso tuve que volver a pararme. En esta época están en celo los Sarrios, (también conocidos como Isards o Rebecos)  y aquello era todo un espectáculo hasta que detectaron mi presencia; persecuciones, saltos, y los machos (como no) alardeando para ser  vistos por las hembras  llamando su atención y así hasta que desaparecieron.
Al final llegué justito a esa cascada de Soaso, hice mi última foto y guardé las cámaras en la mochila, los que conocen  bien Ordesa saben  que desde ese punto hasta el aparcamiento  de coches en la pradera hay prácticamente dos horas de caminata y eso fue lo que tuve que hacer totalmente a oscuras.
Bueno como era conocedor de ello tampoco me preocupé más de la cuenta ya que conmigo y desde hace dos años llevo una “señora” linterna, de bolsillo pero de lo mejorcito que hay en el mercado (para el que tenga curiosidad se trata de una Ledlenser MT14) y que me iluminó durante esa hora y media larga por en medio del  bosque. Era una sensación extraña, ir solo y con el único sonido de las aguas del río Arazas que en paralelo al camino discurrían vertiginosamente. Cuando el  camino se alejaba un poco más del cauce del río entonces el único sonido eran mis pasos, el de alguna lechuza y el de las pisadas y resquebrajar de alguna rama por algún mamífero que por allí merodeaba.
El broche final final a semejante día de ensueño tuvo lugar cuando por fin llegue al coche, sin una sola luz y con contaminación lumínica cero, no solo vi un maravilloso cielo estrellado sino la mismísima Vía Láctea.

En fin, un día para enmarcar.
Esto es todo, besos y abrazos.

Ger.

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miércoles, 7 de marzo de 2018

"Los refugios"


Imagen panorámica y pre-invernal del refugio de Colomers, en primer plano, y al fondo el antiguo. Desde este punto puede realizarse una ruta de senderismo que nos llevará por la mayor concentración de lagos glaciares, de todo el pirineo. 

En si no es una ruta excesivamente dura pero tampoco recomendable para aquellos que tengan dificultades en cuanto a movilidad ya que la misma no transcurre por caminos y sendas “normales”.

El lugar es de una belleza extraordinaria donde los diferentes lagos son auténticos espejos donde se refleja todo a su alrededor.

Esto es todo, besos y abrazos.


Ger.


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miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Un lugar para morir..."


Morirse no es una elección, es algo a lo que estamos predeterminados desde el mismo instante en que somos concebidos y no tener muy presente esta realidad creo que es lo que en ocasiones nos hace sufrir más de la cuenta e impidiendo que disfrutemos realmente de la vida, del aquí y del ahora.

Dicho esto, nunca es buen momento para morir pero lo que si tengo claro es que hay lugares, donde desaparecer, donde decir adiós a este mundo,  son casi una obra de arte y en los cuales la belleza natural unida a la paz del lugar, y a esa soledad que en ocasiones anhelo y disfruto, hacen de ellos, rincones difícilmente explicable con palabras.

Irlanda me ha cautivado por muchos y diferentes motivos destacando sobremanera la belleza prácticamente virgen e inmaculada de su geografía costera; recorrimos cientos de kilómetros de la costa oeste de Irlanda pero este rincón que os ilustro con la imagen de hoy, fue quizás el que por un cúmulo de circunstancias  me gustó más.

Continuábamos jalonando la ruta de la “Wild Atlantic Way”,  a estas alturas ya en el condado de Claire; el día no había comenzado muy bien climatológicamente hablando, (fue  el peor de los seis,  por la lluvia que nos acompañó durante toda la mañana) y es que tuvimos que cancelar nuestra visita a los acantilados de Moher de lo malo que hacía (como si no tuviéramos bastantes motivos para volver a Irlanda, los dichosos acantilados ahí han quedado…) , sin embargo la tarde comenzaba a dar mejores síntomas y es que al menos no llovía.


La lluvia no me disgusta,  más bien al contrario  pero claro, cuando tienes poco tiempo para conocer un lugar puede ser un condicionante importante; en cualquier caso, Irlanda como mis queridas  Galicia y Normandía, no serían nunca lo que son sin ese goteo incesante que adorna muchos de los días del año.

La carretera, llena de curvas y estrecha, propiciaba no ir demasiado rápido  eso sin contar la belleza del paisaje y que apenas llevaba un día conduciendo por la izquierda (enseguida te aclimatas a ello), y por todo ello queríamos paladear cada kilómetro que avanzábamos, lentamente, muy lentamente. En muchos tramos de la citada ruta litoral, es prácticamente imposible encontrar un arcén o un lugar donde parar un instante así que a la que vi un claro me detuve sin contemplaciones.

Las fotografías se agolpaban en mi cabeza, pero no las que podía hacer desde la cercana carretera secundaria, esas no eran las que yo quería; y así no dudé en traspasar una propiedad vallada que era un enorme pasto donde el ganado vacuno pacía en la más absoluta tranquilidad, yo quería imágenes desde el borde de los abismos y allí se intuían imponentes vistas….

Tras la lluvia de toda la mañana y una hierba que me alcanzaba  las rodillas, llegué a las lindes del terreno vallado con los pantalones mojados y los pies a buen recaudo gracias a la previsión de llevar calzado con "goretex" (imprescindible, da igual la época del año que se vaya a Irlanda). Y allí estaba yo, al borde de un precipicio con unas vistas preciosas y majestuosas; el cielo plomizo dejaba una luz perfecta y suave aunque la ventolera era todo un incordio incluso para el trípode. El contraste entre el verde intenso de la hierba y el gris cielo me resultaba precioso pero lo de los tonos turquesa del agua era ya de nota, la guinda perfecta. Me sorprendió ese color del mar tan intenso, ya no el resto de los que vi en los días sucesivos donde me di cuenta que aquel color era de lo más habitual.

En fin, era una atmósfera preciosa, como de un cuento intemporal y con un escenario ideal para que cualquier desdichado se quitara la vida lanzándose al vacío.

Nunca es buen momento para morir, pero abandonar esta vida contemplando tan sencilla y exuberante belleza no sería un mal final.



En algún lugar del condado de Claire, Irlanda….



Esta imagen, es una fotografía panorámica formada por seis fotos verticales.



Esto es todo, besos y abrazos.
Ger.


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viernes, 12 de agosto de 2016

"Un cielo para enmarcar..."

Llevaba unas  diez horas caminando entre  montañas  a más de dos mil  metros de altura, por senderos, entre rocas, subiendo, bajando, trepando, tirado por el suelo….. en fin,  con un buen “tute” y no tanto con sensación de cansancio como si de haber estado dando tumbos todo el día y haber machacado bastante todo el cuerpo, pero sobre todo las piernas, que además de mi peso tenían que soportar una decena de kilos extras por culpa del equipo fotográfico.

Con todo ese bagaje, retrocedía sobre mis pasos y volvía al lugar donde había dejado el coche a primera hora de la mañana. En mi lento descenso desde las zonas más altas iba comprobando como diferentes bancos de niebla me estaban comiendo terreno a mis espaldas, lo mismo sucedía por delante de mis pasos y todo ello con un cielo que cada vez acumulaba más y más nubes sobre todo nubarrones.

La luz en ese momento ya era hermosa pero no quería entretenerme más de la cuenta para que no se me echara la noche encima pero, imposible abstraerse a la  emoción del momento y a lo que veían mis ojos,  aquellos rayos de luz saliendo furtivamente entre las nubes y la niebla; como para no hacerle un par o tres de fotografías.

Disfruté muchísimo el momento, no solo por la vista que aquí os dejo sino también por el aire húmedo de aquellas  horas y la ausencia total de ruido salvo las pequeños murmullos de fondo de los riachuelos de agua con sus medianos y diminutos saltos de agua.


Fue sin duda un hermosísimo broche de oro a una jornada feliz. 

Esto es todo, besos y abrazos.
Ger.


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viernes, 4 de marzo de 2016

"Sobrevolando el Carança"

El paisaje y el entorno son realmente espectaculares
A poco más de dos horas de coche desde Barcelona uno tiene a tiro de piedra, diferentes rutas por la cordillera pirenaica; en esta ocasión os llevo un poquito más allá para adentrarnos en territorio francés y así hablaros de una ruta que descubrí el año pasado en Semana Santa.

Con lo que vi entonces,  decidí de manera premeditada que esta ruta tenía que repetirla en época otoñal, y así lo hice a mediados de Octubre para que el colorido y la vegetación le acabaran de dar una última pincelada,  a un lugar ya de por si espectacular.
Al comienzo de la ruta

Vengo a explicaros cosas acerca  de la ruta de las Gorges de Carança y que debe su nombre precisamente a ese río,  el Carança, que discurre por un valle entre desfiladeros y paredes vertiginosas.

Existe una ruta circular de unos 12 km aproximadamente,  perfectamente señalizada y sin opción de pérdida, donde además del atractivo natural propio del lugar, se unen otros aspectos más lúdicos y divertidos como son el paso por un conjunto de puentes colgantes y pasarelas, dispuestas sobre el río en zonas por las cuales sería imposible el acceso.

Para iniciar la ruta debemos acercarnos a la diminuta localidad de Thues-entre-valls, pueblecito situado en pleno Pirineo francés y a unos 36 kilómetros de la localidad gerundense de Puigcerdá.

Mientras accedemos con el coche al pequeño  pueblo y una vez pasada la frontera francesa, el espectáculo en la estación otoñal es inenarrable con la ingente masa de árboles, repletos de color, que pueden verse y apreciarse allá donde se dirija nuestra mirada.

Otoño la mejor época para conocer la ruta
Nada más llegar al cruce que nos adentra en Thues-entre-valls, ya tenemos perfectamente señalizado donde debemos ir para aparcar nuestro vehículo y a partir de ahí comenzar la excursión caminando. La ruta al ser circular permite la posibilidad de hacerla en ambos sentidos, si bien yo soy más partidario de llevarla a cabo siguiendo el sentido de las agujas del reloj.

A pesar de esos 12 km de los que os hablaba, no es ni mucho menos, una caminata dura ni por la longitud ni por el desnivel que presentan determinadas rampas, sobre todo en el primer tramo donde caminamos en continua ascensión; en función de la época del año en la que se visite el río Carança,  este tendrá más o menos caudal de agua pero como mínimo siempre tendremos una buena cantidad del líquido elemento  que pone ese toque de frescor  y belleza al paisaje.

Como decía al principio de esta crónica, he realizado esta ruta en dos ocasiones y por eso os aseguro que sin duda  la mejor época para visitar este lugar es el otoño dado que el ochenta  por ciento de la vegetación son árboles de hoja caduca que en esta estación adoptan todos los colores imaginables.

Parte de la ruta es un sendero excavado en la roca

La primera parte de la ruta es prácticamente de continua ascensión para ir tomando altura; nos acompaña casi siempre el murmullo del río Carança que con sus aguas rápidas y alegres deja un rumor permanente en el ambiente y cuyo cauce va cambiando a medida que atravesamos diferentes zonas. 

Se asciende entre árboles y rocas para enseguida divisar al otro lado del desfiladero, la ruta aérea excavada en la roca de la montaña y por la que realizaremos el camino de vuelta, esta zona es la que más "quebraderos" de cabeza puede dar a la gente con pánico a las alturas o vértigos; aun así todo este tramo tiene a modo de quitamiedos, un cable de acero  anclado a la pared que permite a los más indecisos, asirse en caso de temor. No es un paso estrecho pues en las partes más pequeñas de anchura, el camino mide al menos un metro; desde este lugar tenemos las vistas privilegiadas de la primera parte de la ruta y resulta sorprendente la de arboles que nacen entre las rocas y que hacen que las mismas ganen en vistosidad y belleza.
El agua nos acompaña durante el recorrido

Al final del primer tramo y antes de meternos en esa zona de excavación en la montaña, tenemos el aliciente divertido de seguir ascendiendo por el curso del río pero en este caso a unos pocos metros de altura sobre el mismo. Se trata de  unos pequeños puentes colgantes y pasarelas de hierro que harán la delicias sobre todo de los más pequeños y al mismo tiempo nos ayudará a rememorar nuestras facetas más aventureras. 


Lo dicho, una ruta muy bonita tanto para hacer en solitario como en familia y para el que puedo daros más detalles de manera particular si alguno se anima a llevarla a cabo y quiere más información.

A continuación os dejo una muestra de algunas imágenes de esta ruta maravillosa, pinchar encima de las fotos para verlas en tamaño más grande.

Besos y abrazos.
Ger.




Cualquier lugar era bueno para disparar las cámaras




Uno de los puentes colgantes para cruzar el paso del río





Pasarelas y puente colgante





Otro paso aéreo






Exuberancia




Lugares inaccesibles de no ser por las pasarelas





Un recuerdo de una tejedora





Seguimos






Un grupo pasando por una zona casi sombría





Dejamos las pasarelas y nos metemos en las entrañas de la montaña





Puente entre colores





El carança ahí abajo





Agua, vida





Un grupo que nos lleva delantera



miércoles, 10 de julio de 2013

Casi 3.000...

Cuando pensaba en la música para acompañar la entrada de hoy tenía dudas de que tipo de música escoger pero como pasa siempre,  sucedió algo, un "flash" que me dijo...    -Ger pon esta-.
Con este tema muchos de los que son de mi generación escudriñaron el espacio de la mano de un divulgador maravilloso como fue Carl Sagan y en cuyo programa Cosmos se escuchaba muchas veces, el tema ALPHA.


Esta ha sido la foto con la que me quedaría de toda la excursión


Sábado cinco de la mañana, lo que para muchos sería una tortura china tener que levantarse a esta hora,  para mí era prolongar un día más el horario que hago a diario para ir a trabajar,  y sí me levanto feliz a esas horas para ir al trabajo no os imagináis cuando se trata de irse de viaje o de excursión como era el caso.

Madrugué porque a las 6:00  tenía que pasar por casa de David, mi buen amigo y compañero de senderismo así como de salidas a la montaña. Cinco años atrás David y yo hicimos una excursión de alta montaña que nos dejó fascinados y nos encantó, tal fue el placer que nos produjo que comentamos que algún día habría que repetirla y ese día fue el sábado 6 de Julio.
Al fondo el lugar donde se dejan los coches

¡¡Volvíamos al Puigmal!! y sus casi tres mil metros de altitud (2.913 para ser exactos). Para ello antes debíamos recorrer algo más de un centenar de kilómetros en coche hasta la localidad de Queralbs y una vez allí subir por una pista forestal hasta el paraje denominado "Fontalba". 

Las distancias, tiempos y comentarios técnicos no los voy a describir yo ya que otros lo han hecho y documentado excelentemente como en este enlace donde la ruta esta fantásticamente explicada, con plano incluido.


Yo os hablaré de sensaciones, de sentimientos....


La montaña, los montes, caminar, el campo,  etc.... no es nada nuevo para mí; desde mi  más tierna infancia es algo que he hecho en mi Galicia natal, con la diferencia de que en el macizo galaico las cumbres no son tan altas. 

Ir a la montaña es como escapar de la época en que estamos viviendo (al menos para mí, harto de los ruidos de la “civilización”); de volver a lo que fueron,  en algunos lugares,  zonas que se conservan prácticamente igual desde hace miles de años y por ello igual para el hombre del siglo XXI y el de otro de la Edad Media u otras épocas cuando caminaban por estas montañas. Bueno,  realmente si hay algo que nos diferencia y es el material y las condiciones; Hoy en día tenemos material técnico tanto de ropa como de calzado que facilitan muy mucho el caminar por caminos escarpados y llenos de piedras y así mismo tenemos un conocimiento de la meteorología más exacto que nos ayuda mucho al  afrontar o no estas excursiones.


A pesar de la casi nula vegetación el lugar es bellísimo
Llegamos al punto de partida sobre las 8 de la mañana y a partir de esa hora, caminar, caminar y caminar. La ascensión no es de ninguna dificultad extrema pero sí ascendente todo el rato como podréis ver en las fotografías que os adjunto.


Lo normal y como media, digamos que la gente suele tardar unas dos horas en hacer cima, nosotros tardamos una hora más y es que sí te gusta, como es el caso, la fotografía, no te puedes dedicar exclusivamente a caminar, tienes que captar o al menos intentarlo, la grandiosidad del lugar, el clima y cuanto puedas para llevartelo a casa de recuerdo para rememorarlo y por supuesto,  para ilustrar y compartir con todos vosotros,  no iba a ser sólo esto una crónica escrita.



Igual os parece absurdo pero siempre he creído que todo aquello que uno puede realizar en la naturaleza, como ver y visitar lugares a los que no todo el
mundo puede acceder, creo necesario y casi en la obligación de compartirlo para que los demás, aunque no sea en primera persona, también lo disfruten. Al contrario de lo que me hubiera gustado, y como es lógico que sucediera, no éramos los únicos que habíamos decidido dedicar parte del sábado a caminar por tan excitante lugar; la ruta era un "goteo" constante de personas que de forma individual o en pequeños grupos de dos, cuatro o cinco personas iban caminando como nosotros. David y yo diría que pertenecíamos al grupo intermedio en lo que a forma  física y adaptación al entorno se refiere; nos cruzamos con algún que otro "Ironman"  (auténticas máquinas de correr por alta montaña),  pero también con gente que sin material ni fondo físico,  se mete a realizar actividades para las que no está preparada físicamente (hay menos disgustos de los que podrían haber dada la cantidad de inconscientes que van a la montaña).
Dándome un respiro durante la ascensión

Lo más duro de la ascensión es sin duda el último kilómetro donde además de estar la inclinación más fuerte, la cosa se complica con un terrero de piedra pequeñita que lo hace resbaladizo y donde es preferible, sobre todo si llevas una mochila cargada como en mi caso,  la inestimable ayuda de un bastón de trekking. Yo soy anti-palos,  a mí al menos no me gustan para caminar, me condiciona las manos y yo estas las quiero para la cámara o simplemente para bracear sin tener que sujetar nada pero hay ocasiones en que elementos como sichos bastones son de muy buena ayuda.



En lo alto de la cima
Alcanzar la cima es la primera recompensa, bueno la segunda, la primera es estar allí. En lo alto hay una cruz de unos tres metros y medio de alto donde el que más y el que menos posa para hacerse la foto de rigor,  nosotros no fuimos menos así que nos hicimos fotos entre nosotros intercambiando las cámaras.Tras tomar un pequeño tentempié en lo alto comenzamos la segunda parte que consiste en descender progresivamente hasta llegar al Santuario de Ntra. Señora de Nuria.
En nuestro caso fueron unas cinco horas de descenso donde entre otras cosas nos descalzamos y refrescamos los pies con el agua helada de los riachuelos, reptamos por las zonas de algunos prados para fotografiar florecillas, retratamos a vacas y terneros sueltos que por allí estaban, etc.  A las cuatro estábamos comiendo bajo un abeto frente al lago de la presa que hay en Nuria. Tras comer y hacerle un poco de shiatsu a mi amigo que llevaba las rodillas un poco tocadas de toda la bajada,  proseguimos ya hasta finalizar la ruta circular y terminar nuevamente en  Fontalba.




Al final fueron diez horas de excursión y pateo por la montaña (de 8:00 a 18:00) que te cansa pero te deja otras sensaciones muy, muy agradables y de satisfacción.¿Próxima parada...? No lo sé, con la cantidad de montañas que hay y sobre todo de rutas, a saber donde me voy la próxima vez pero.... una cosa es segura, os enteraréis.

Y aquí debajo os dejo unas cuantas imágenes más de las que tomé el sábado, espero os gusten.


Besos y abrazos



Ger.


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Vista desde una de las rampas más duras





El zig-zag de los tramos finales y más duros





Primeras vistas nada más descender hacia Nuria





El agua era abundante y en forma de incontables riachuelos





Una "fita" nos indica que vamos por el buén camino





Era momento de retratar florecillas; cuerpo a tierra





Emulando a "Moises", David parece caminar sobre las aguas.





Una imagen para el recuerdo





El descenso serpenteante y colorido





Experimento con la cascada y David; exposición de 15"





Nuria a la vista





Hasta otra ocasión


Se para el mundo por un eclipse

B uenos días, miércoles ya, Hoy lo explico para aquellos que viven fuera de España, parece que en nuestro país en el día de hoy no va a suce...