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jueves, 13 de febrero de 2025

¿Será morriña?

Nostalgia; dícese de un sentimiento de tristeza, mezclado con afecto, cuando alguien piensa en tiempos felices del pasado. Existen otros sinónimos como podrían ser la añoranza, melancolía, saudade o una palabra muy familiar y muy de mi tierra, la morriña.

Dicen que nosotros, los gallegos, tenemos ese sentimiento muy a flor de piel y  a ese respecto quizás habría buscarle alguna explicación, y ciertamente la hay. En el periodo que comprende entre los años 1882 y 1935 se fueron de Galicia 1,2 millones de gallegos con rumbo a diferentes países sobre todo de Sudamérica  (Cuba, Uruguay, Brasil, Argentina y otros),  el número de esos emigrantes gallegos es considerable pero mucho más si tenemos en cuenta que en aquella época la población total en Galicia giraba en torno a los dos millones, hablamos pues de que la mitad de los gallegos abandonaron su tierra en busca de oportunidades.

Lejos de la "tierriña", del lugar que te vio nacer, es ahí donde quizás se pone de manifiesto ese carácter melancólico que nos acompaña desde siempre aunque creo  que esto va con cada uno;  yo de vez en cuando echo  la vista atrás pero solamente para recordar y desde luego no de un modo que me impida vivir con felicidad mi presente. Claro que echo de menos no  visitar más a menudo mis orígenes y donde me desarrollé como hombre, pero fui yo y nadie más quien decidió abandonar mi cómoda vida y lanzarme a la aventura, pero claro tenía un buen aliciente, el amor de una mujer.

A estas alturas creo más en la morriña hacia las personas y no  hacia un lugar o lugares concretos y por ese motivo ese sentimiento no desaparecerá nunca  de mi ya que tengo repartidos por una amplia geografía, a seres muy queridos.  Todo esto de la nostalgia viene a cuento de la fotografía de hoy,  un trocito de Normandía, una región de la que siempre estuve enamorado sin conocerla,  y que a raíz de mi primera visita ese sentimiento se ratificó por completo. Después de estar ya  tantas veces en dicha región francesa, ahora estoy en un periodo en el que hace ya bastantes años sin volver y lo echo de menos aunque sepa que allí…. siempre volveré.

Esta es una larga exposición frente unos acantilados de la Costa del Alabastro y con la localidad de Fecamp al fondo. 






jueves, 6 de junio de 2024

Ojalá fuera el último día D

En una de sus acepciones, la RAE define el término "flechazo" como un amor repentino e inmediato, y yo diría que eso es lo que se produjo dentro de mí la primera vez que visité Normandía. Llevaba años soñando con admirar y pisar las playas, pueblos y acantilados de la región francesa, tanto por la belleza paisajística de los mismos como por las reminiscencias bélicas del famoso desembarco.


Hoy 6 de junio de 2.024 se cumplen 80 años del más famoso Día "D" y no puedo describir con palabras lo que sentí cuando pisé por primera vez la playa de Omaha, ni tampoco cuando me adentré en el cementerio americano de Colleville-sur-Mer  donde las más de diez mil cruces de otros tantos combatientes caídos, se suceden unas tras otras colocadas milimétricamente sobre un verde e inmaculado césped.


Siempre  he pensado que la concepción del mundo actual se la debemos en gran parte a todos aquellos que lucharon y perecieron en aquella batalla para de este modo, librarnos a todos, de alguien cuya cabeza estaba tan mal amueblada; quien sabe si la guerra no tomara el cariz que tomó tras el desembarco, en qué mundo viviríamos a día de hoy.

 

Aquí dejo a modo de homenaje, algunas de las imágenes que he tomado en playas y rincones de la costa normanda en mis diferentes visitas a esta preciosa región francesa.

 

P.D.

Y ahora os comentaré un pequeño secreto, algunos saben mi intención de escribir una novela, lo cierto es que ya tengo un pequeño borrador, los personajes y hasta la trama.

Pues,  ¿sabéis dónde estará ambientada dicha novela? En Normandía efectivamente.



Ger.

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martes, 10 de enero de 2023

¿Sabemos el significado de AMAR?

Ayer noche escuché una reflexión que me gustó mucho, muchísimo, y quiero compartirla añadiendo esta imagen que hice a una pareja de ancianos en un mirador de Normandía. La reflexión que escuché y ahora transcribo decía:

Cuando te enamoras de alguien lo que haces es darle un poder al otro sobre ti. Es como si le dijeses: "Toma, tienes un poder sobre mí, a partir de ahora, sí tú te enfadas yo me angustio, sí tú me engañas yo sufro; es decir, me puedes dañar muy fácilmente ya que te doy ese poder sobre mí".

 

¿Sabes cuándo creo yo que uno está realmente enamorado? Cuando uno renuncia a usar ese poder sobre el otro.

 

La persona que te ama es la que tiene un enorme poder sobre ti y no lo usa. Es decir, quien te ama no vale por lo que te da, por lo que te hace, vale por lo que no te hace, por lo que no te da.

 

Tenemos la idea  de pensar acerca del otro, ¿Qué me da, que me ofrece, que obtengo yo?

Pero no es así, yo te brindo un enorme poder para que hagas un montón de cosas conmigo y tú renuncias a ejercerlo.

 

¡¡ Eso es el Amor !!


Ger.

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lunes, 23 de octubre de 2017

"Irlanda, un aperitivo..."

La música para acompañar este post de hoy, AQUÍ.

Comenzamos nuestro viaje
Son muchas las maneras en las que uno puede adentrarse en el conocimiento de un territorio, en el mío es casi siempre (en el supuesto de que la tenga, claro) a partir de la costa y de todos los accidentes geográficos que en la misma puedan darse. Explico esto porque hace unos meses realicé mi primer viaje a un lugar al que le tenía ganas desde hacía mucho tiempo, Irlanda.
Fue una excursión de sólo seis días, pero lo tenía claro, jalonaría en esas jornadas buena parte de la costa este de Irlanda, sin duda la más agreste.



Ahora que lo conozco, aunque sólo sea ligeramente, puedo decir que Irlanda guarda varias similitudes con Galicia: el clima húmedo y bastante lluvioso, el color verde que todo lo domina, en Irlanda además con unas gama de tonos que no había visto nunca por más que conozca todo nuestro territorio norte (Asturias, Cantabria, País Vasco) realmente espectacular; y la costa guarda similitudes igualmente por el hecho de estar escalonada con diferentes rías lo cual hace que en un espacio relativamente pequeño se han de hacer muchos kilómetros para recorrer toda esa franja litoral. Una costa  que se reparten por igual hermosas y solitarias playas, con espectaculares acantilados que lo empequeñecen a uno ante semejantes formaciones rocosas  frente al bravo Atlántico.



El verde que no falte
Había preparado las etapas para hacer una media de 200 km diarios contando con ese contorneado relieve de la isla y la verdad es que me cundieron cada uno de los kilómetros que hacía diariamente, ya lo creo. A pesar de esa climatología “complicada” que tiene Irlanda, tuve la gran fortuna de que tan solo una mañana, la niebla y una intensa lluvia me impidiera hacer todo lo que tenía planificado,  aunque la fatalidad quiso que precisamente aquella mañana fuera la que en mi guión particular tocaba disfrutar de uno de los iconos del turismo de Irlanda, los célebre acantilados de Moher.
Por si no la tuviera ya, tengo una excusa más que suficiente para volver a Irlanda, disfrutar Moher como se merece.

Pese a ese pequeño contratiempo, me resarcí los días siguientes sobre todo en el denominado "Anillo de Kerry" donde unos majestuosos acantilados rodeados de praderas verdes y aguas turquesas dejaron el mejor recuerdo de todos los que me traje de este viaje. Aquí os dejo como muestra de esos acantilados, una fotografía panorámica para ver la belleza del lugar, como corresponde.

Acantilados de Kerry


Aunque todo el viaje estaba orientado a recorrer exclusivamente zona costera el primer día hice una pequeña incursión para visitar un lugar de interior, llevado por mi afición al cine; iba a estar relativamente cerca del lugar donde se rodó una de mis películas favoritas y un clásico por excelencia, “El hombre tranquilo”; esa comedia costumbrista que dirigió John Ford y con un reparto de protagonistas estelares como eran John Wayne y la pelirroja Maureen O`Hara.
Y así fue como me acerque hasta un pequeño puente de piedra en medio de la nada y que puede verse al comienzo de la película cuando el hijo pródigo que vuelve a casa, se para a contemplar la nada desdeñable estampa que como vosotros podéis ver, resulta muy hermosa y evocadora.

Sobre el célebre puente donde rodó John Wayne



Cuando preparaba el viaje en las semanas precedentes, sin  haberlo sabido y totalmente ajeno a ello, resultó que el itinerario que me estaba marcando transcurría por una de las rutas más recomendadas para la gente, que como yo, buscamos viajar con el único afán de recorrer terreno lo más virgen posible para disfrutar de paisajes y parajes solitarios; dicha ruta es la llamada "WildAtlanticWay", de lo más recomendable para hacer alquilando un coche o una moto. 

Cuando decides recorrer como en mi caso distancias considerables y estar alejado de poblados importantes, la mejor fórmula es la de escoger los Bed & Breakfast donde pasar la noche y que en general resultan muy agradables por los dueños que los regentan, siempre atentos y enormemente amables para atenderte y facilitarte desde información a cualquier cosa que uno necesite.

En resumen, esta ha sido una primera toma de contacto con el país “esmeralda” pero volveré, seguro.



Esto es todo, besos y abrazos.
Ger.


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Dublín



Glendalough


Los castillos o sus ruinas son una constante



El castillo de Dublín


Puestas de sol maravillosas



Esmeraldas en el mar...


Isla de Valentia




Cielos para pintar y... fotografiar


Las dueñas de la campiña



Siempre los acantilados



El lado religioso



Embriones de arboles centenarios



Cielo y tierra









jueves, 22 de septiembre de 2016

"El encuadre..."

No seré yo ahora el que vaya a realizar una disertación sobre teoría de la fotografía, y es que no tengo madera de docente, no me gusta y lo que es más importante, tengo todavía mucho que aprender de la vida en general y de la fotografía en particular. Sin embargo el comentario que voy a realizar sobre esta imagen tiene mucho que ver sobre uno de los aspectos más importantes del arte fotográfico, la composición.

Cuando los fundamentos básicos de fotografía los tienes o crees que ya los tienes asumidos, es hora de abordar más aspectos y uno de los más importantes es sin lugar a dudas el de la composición; hay veces que a los que nos gusta esto de la fotografía, enseguida visualizamos una imagen de esa fotografía que vamos a tomar o bien de la que tomaríamos ya que sea por la circunstancia que fuera,  en ese instante no la podemos llevar a cabo.

La que aquí os presento  es sin duda una de las dos o tres imágenes que más me han gustado de las que he realizado en estos recientes días por Normandía.  El lugar es archiconocido, el famoso acantilado “Falaise d'Aval” en el no menos  encantador pueblecito de Etretat. Desde pintores a fotógrafos de medio mundo han sacado infinidad de imágenes de este lugar y yo mismo tengo varías de este lugar pero esta me ha gustado especialmente y quería contaros como la realicé.

Mi objetivo “fetiche” y favorito de los cuatro que poseo es el Canon 17-40 f4,  se trata de un gran angular y que para los que amamos el mundo paisajístico, nos da muchísimo juego. Lógicamente hay algún que otro objetivo mejor para estas lides pero con unos precios desorbitados que no se justifican; peso a ello este 17-40 de la serie “L” de Canon ya no es una lente cualquiera y la verdad es que da unos resultados maravillosos. 

La imagen es de primera hora de la mañana, el sol había empezado a asomar  ya por lo que sería mi espalda y es que  tal y como está tomada esta fotografía  lo que se ve es dirección Este.

Había olas, ya se habían apagado los enormes focos que durante la noche iluminan el acantilado y el cielo presentaba nubes de diferente tipo y tamaño. Todo esto está  muy bien pero creo que la gracia de esta imagen es el  marco de la misma. A mis espaldas se encuentra un acantilado de no menos de 60 metros pero entonces descubrí que en la base del mismo había un pequeño agujero y….. pasó esto.

Reculando hacia el interior de ese agujero y con la focal más grande que me permite la lente, es decir a 17, pude hacer que el techo y el lateral derecho del agujero así como un acantilado por el lado izqdo. Hiciesen de marco perfecto para el tan manido icono del pueblo de Etretat. Al final la gracia de esta imagen (creo honestamente) es la presentación del  protagonista rodeado por todo el conjunto.

Hasta aquí la explicación, espero que la imagen os guste tanto como a mí. 

Esto es todo, besos y abrazos.
Ger.


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martes, 20 de septiembre de 2016

"Espacio y tiempo..."

No conozco la explicación científica y quizás tampoco me interese demasiado saberlo pero en esas aguas turbias que se contemplan a lo largo de la Costa del Alabastro luce permanentemente un verde mentolado casi irreal que contrasta con los blancos y marrones de los acantilados.

Sea por el verde, por el viento, la humedad, la altura vertical de esas paredes  el caso es que ese conjunto ejerce sobre mí un efecto de atracción como ningún otro lugar.


Un trocito de esa costa desde la playa de Quiberville.



Esto es todo, besos y abrazos.
Ger.


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jueves, 29 de mayo de 2014

Casi como en casa...

Música de hoy para  dejar volar la imaginación,  AQUÍ.
Te  levantas de un sueño plácido en una de las hermosas habitaciones de la casa de huéspedes del siglo XVIII que regentan Carole y su marido, y entras en el comedor presidido por una gran mesa de madera donde entran una docena de comensales.
La mesa está puesta con un buen gusto exquisito, y sin probar nada de los manjares que Carole con mimo y cariño nos ha preparado, uno ya se alimenta. Es la vajilla, los botes de mermeladas, los croissants que en toda Francia son casi una religión, un pan artesano y delicioso, la fruta, la leche, el cacao o el café amén de otras infusiones.... y todo colocado con armonía sobre una bonita mantelería, austera pero llena de color.

En ese lugar único de la casona, uno se pasaría las horas contemplando todas esas cosas ricas mientras a través del gran ventanal que hay en una de las paredes, entra levemente, la primera luz del día.

Una vez "desayunados" como unos señores y sabedores de los horarios de las mareas, nos vamos como no, a la playa principal de Etretat. Apenas somos tres o cuatro transeúntes los que merodeamos por la misma y yo solo a esas horas el que decide meterse de lleno en ese pedregal.

Buscaba precisamente eso, la semi-soledad de ese momento y en ese lugar, para explayarme en hacerle fotos a ese rinconcito de la costa del Alabastro que tantos años atrás nos robó el corazón para siempre.

Y así quise dejar plasmado el acantilado "Falaise d'Aval et  L'Aiguille"   mientras las verdes algas cubrían todos aquellos pedruscos que dan nombre a tan singular costa.

Un beso Carole, y nos vemos pronto.

Al resto, deseo que os guste la imagen y mi más sincero ofrecimiento para sugeriros que nos dejéis pasar la oportunidad de visitar Normandía y especialmente ese maravilloso Etretat.

Besos más abrazos para todos.

Ger.




ISO 160     10 mm      f/ 14       1/ 15 seg.      Sin trípode





Se para el mundo por un eclipse

B uenos días, miércoles ya, Hoy lo explico para aquellos que viven fuera de España, parece que en nuestro país en el día de hoy no va a suce...