Tras haber disfrutado de un día completo en Colonia, la siguiente jornada nos iba a llevar a tres pequeños pueblos, pero todos ellos repletos de encanto. El último y donde además haríamos noche es del que os vengo a hablar y es que Rothenburg ob der Tauber está considerado por muchos alemanes, viajeros y revistas de viajes, como el pueblo más bonito de Alemania y razón no les falta.
Rothenburg posee un ambiente romántico con mucha historia y aunque el mismo fue víctima de bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, su núcleo interno apenas sufrió daños, conservando ese aire medieval de antaño. Rothenburg ob der Tauber es también conocido como el "Pueblo de la Navidad", y es que su mercadillo navideño es famoso en toda Alemania; el centro neurálgico de la localidad es, como no, la plaza del Mercado (Marktplatz). Sin embargo es al final de la calle O.Schmiedgasse, cuando se llega a la Plaza Plönlein donde se encuentra el lugar más fotografiado de Rothenburg ob der Tauber y normalmente el que os mostrara en imágenes cualquier búsqueda por internet.
De este lugar guardo una anécdota muy divertida y es que cuando nosotros llegamos por la tarde, salimos a dar un paseo ya con muy poca luz lo cual aproveché para hacer entonces algunas fotografías y justo en este lugar del que os hablo, como muy fotogénico, un fotógrafo americano resoplaba ya que en todo momento pasaba gente por el lugar y el imagino que quería una fotografía sin personas en el lugar. Yo acabé marchándome a otras zonas del pueblito y él allí quedaba con su mujer/pareja dándole apoyo moral.... jaajajaja. Al día siguiente yo iba a madrugar para entrar en el pueblo antes de que amaneciera y así lo hice, cuando pasé por el lugar en cuestión, volvimos a encontrarnos el fotógrafo americano y yo; respetando nuestros "tiempos" hicimos fotos tanto él como yo pero cuando yo ya tenía lo que buscaba, él se quedó allí buscando algo más que por lo visto no tenía todavía, el caso es que de repente apareció un grupo de jóvenes japoneses y las chicas sobre todo no paraban de hacerse selfies en el lugar.
A mí me dio la risa ya que la cara del americano era un poema, una mezcla de depresión y de enfado monumental mientras contemplaba la escena y el allí parado con su trípode y su cámara. Yo entonces antes de irme y con una leve sonrisa le dije en inglés "Es difícil, trabajar así, eh" y el me vio con rictus serio y me respondió, -¡Muuuuy difícil!






