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domingo, 9 de agosto de 2026

El verano Toscano

Conocía el encanto de la Toscana en diferentes épocas del año pero nunca en pleno verano, en pleno mes de julio. Aunque el calor era intenso al menos era seco y nada que ver con esa humedad propia de los veranos mediterráneos lo cual  acarrea (al menos en un servidor) vivir en una continua transpiración, por decirlo finamente. 

En dichas circunstancias una tarde me planteé como misión al día siguiente, darme un buen madrugón, sólo obviamente, cada cual tiene que ser consecuente con sus locuras y la socia no tiene culpa de las mías.

Era de noche todavía cuando despacio cerré la puerta por la que se accedía a nuestro alojamiento en la casa de "Agroturismo". La tarde  anterior había estado visitando con el coche diferentes localizaciones para tener una buena perspectiva de lo que quería fotografiar y así, sin perder tiempo me dirigí hacia un punto de aquella carretera local donde un amplio arcén y a cierta altura me permitiría disfrutar de un agradable amanecer. 

Sí uno va en el mes de mayo a esta región italiana de turismo afamado se encontrará rodeado de verdes en múltiples tonalidades y todo salpicado de millones de manchas rojas en forma de "papaveri" (amapolas), pero en el mes de julio el color por antonomasia y que lo inunda todo es una mezcla de naranjas y amarillos.

Las cosechas de cereales ya se han recogido y los campos de trigo vacíos se presentan ante los ojos del curioso mientras las cigarras comienzan con su canto característico a invadir el ambiente. Todavía no me había cruzado ni visto a nadie hasta que con el teleobjetivo de una de las cámaras pude observar a una considerable distancia como un pastor y su perro permanecían inmóviles junto al rebaño de ovejas que custodiaban y que a esas horas parecía que estaban desayunando el forraje con buen apetito. 


Una de las singularidades del paisaje toscano es indudablemente el relieve que conforman cientos de pequeñas elevaciones a modo de colinas y en cuyas cimas a menudo encontramos hermosas casas de campo.

Desde mi atalaya observaba como entre ese cúmulo de colinas empezaban a colarse los primeros rayos de luz que a su vez recortan el paisaje en el que algo de niebla daba al mismo un cierto toque misterioso pero no exento de belleza. 

No quise esperar a que saliera del todo el sol, esta luz MÁGICA tenía que conservarla así, como un pequeño perfume, sabía que en el momento que el sol apareciera toda esa magia iba a desvanecerse.


Aunque el día se estaba cargando para darnos otra jornada de calor intenso, este momento de paz y belleza al alba lo compensaba todo.

Con ese gran momento matutino me pareció que ya me había ganado el desayuno así que regresé al alojamiento para dar buena cuenta de un sencillo desayuno con una tostada de aceite de oliva acompañada de un delicioso capuchino.





martes, 17 de marzo de 2026

Cuando uno es testarudo...

17 de Marzo, festividad de San Patricio y por supuesto día grande en Irlanda y entre los irlandeses. 

Ser "cabezón" o testarudo como queramos decirlo, no siempre, pero si muchas veces tiene su premio y hablo por mi propia experiencia a lo largo de los años. 

De ruta por Italia, íbamos a realizar una breve parada en Parma. La capital de la región italiana "Emilia-Romaña" es famosa por su queso y también por su jamón pero en aquella breve escala yo tenía prioridades y que no pasaban precisamente por temas gastronómicos.


Mi afición a la lírica hace que en aquellas ciudades donde hay un teatro de prestigio ya sea por su actividad musical e historia o simplemente por su belleza arquitectónica, me gusta visitarlo y conocerlo personalmente.

El Teatro Regio de Parma que es su verdadero nombre, no es de los más grandes ni tampoco de los más espectaculares en su arquitectura y ornamentación, más bien habría que decir que es bastante sobrio. Sin embargo su público, el parmesano, pasa por ser uno de los más exigentes y conocedores musicalmente hablando y por ello de los más intransigentes a la hora de juzgar a los artistas. 

Dentro de tres años se cumplirá el 200 aniversario de su fundación allá por 1.829 cuando el mismo se alzó por el empeño y voluntad de la duquesa María Luisa de Austria.

Con esta carta de presentación prosigo el relato y es que tras aparcar, nos vamos con un breve paseo hacia el teatro y una vez dentro me dirijo a la zona de taquillas para la compra de dos entradas con las que realizar la visita. 


El jarro de agua fría fue tremendo, ese día el teatro estaba cerrado al público, había ensayos. Mi cara debía ser un poema y más cuando le comenté a la mujer de la taquilla que aunque fuera un par de minutos, que por favor nos permitiera acceder a la sala para contemplarla sin más; claro a todo eso me puse un poco melodramático comentándole que venía desde Barcelona a propósito para conocer aquel templo lírico. 

La mujer no transigió, pero por allí apareció alguien que se interesó por lo que estaba aconteciendo. Tras presentarme y comentarle que nos íbamos aquel mismo día de Parma y nos íbamos a quedar con las ganas de conocer el teatro, el hombre habló con la "taquillera" y nos instó a seguirlo.


Mientras avanzábamos a su lado por las dependencias del edificio le fui comentando mi amor hacia la ópera y me identifique como verdiano y además venerador de Alfredo Kraus; aquello hizo que al hombre se le "disparara" la lengua cosa que nosotros agradecimos muchísimo.

Aquel personaje bien entrado en años, había sido el responsable de los tramoyistas del Teatro Reggio pero también había trabajado en el teatro del Liceo barcelonés e incluso con Kraus en algunas representaciones donde el artista canario había actuado. 

Tras la charla y una visita breve, pero más que suficiente al interior del teatro (solo para nosotros), me fui de Parma como un niño con zapatos nuevos, agradecido y muy feliz.

Esta es una de las poquitas fotos que hice en el interior de la sala para tampoco abusar; mientras, el locuaz anfitrión seguía departiendo con Merche como puede verse, en el patio de butacas.


Esta ha sido una de tantas batallitas que he pasado por mi admiración hacía la ópera, ya veis cada cual con sus locuras.





  

sábado, 27 de julio de 2019

Il Capo

Esta imagen no tiene mucho de particular pero al mismo si lo tiene, me explico. Hacer fotografías en el interior de un templo religioso sea cual sea la divinidad a la que le profesen su fe los seguidores de la misma,  siempre es complicado. Se pueden hacer fotos sí, pero en unas condiciones que lógicamente dificultan enormemente el que dichas fotografías puedan realizarse de manera que se obtengan con buena calidad; ojo, no me estoy refiriendo a que la imagen sea bonita o no, que tenga un buen encuadre o que sea original. No,  no me estoy refiriendo a eso, me refiero a que no sea una imagen realizada con un ISO demasiado alto que añada “grano” a la fotografía o que incluso la misma salga movida, por citar sólo algunos defectos que puede tener una imagen siempre que los mismos no sean buscados de ese modo, a propósito.
Todas estas cosas pueden suceder en  un recinto de estas características  en los que habitualmente  uno no puede hacer exposiciones medias o largas para conseguir la luz adecuada, y es que  claro, para ello la cámara tiene que estar absolutamente estable en algún lugar y no me refiero en nuestras manos…
Después de un par de encontronazos con gente “oficial” durante mi periplo Siciliano por culpa  de mi trípode, decidí extremar un poco las precauciones para que nadie se sintiera ofendido. La noche anterior a la toma de esta imagen, habíamos dormido casi pared con pared, en un apartamento que está junto  a este que es el Duomo de Módica. De Módica os hablé en su momento por diferentes aspectos pero sobre todo por uno (muy goloso por cierto) y es el de la elaboración  de su famoso  y reconocido chocolate siguiendo la misma técnica que usaban siglos atrás  cuando los españoles  introdujeron el chocolate en  Sicilia.
Como decía, esa noche anterior estando literalmente al lado del Duomo, aproveché para hacer algunas fotografías nocturnas de su imponente fachada y al día siguiente tras desayunar entramos a admirar el interior del templo. Como era temprano, todavía no había mucha gente en el interior con lo que la visita podíamos realizarla sin muchos agobios. Había un hombre vestido de modo "normal",  y con esto me refiero a que no llevaba hábitos de ninguna clase, ni tenía  aspecto alguno de ser el clérigo, pero que sin embargo  parecía que era quién allí  "cortaba el bacalao".  Además del italiano, hablaba en inglés y francés con cualquiera que le realizaba alguna consulta referente al edificio, su historia y el arte que allí se encerraba. Probé entonces con dirigirme a él empuñando la cámara fotográfica y con el trípode en la otra mano, para preguntarle si podía hacer fotos; su respuesta no pudo ser más rotunda y soltó un “por supuesto” que no me dejó lugar a dudas. 
Había un par de personas más, “vigilando" el interior del templo y que en ningún momento me dijeron nada mientras yo me movía por allí con el equipo fotográfico aunque  la verdad es que  me habría dado lo mismo, sí hubiera habido algún problema los habría enviado sencillamente a que hablaran con el "capo" que me había dado permiso para fotografiar.
Probé a realizar fotos desde distintos lugares y con resultados dispares,  y fue este el que más me gustó, una fotografía casi simétrica del precioso altar mayor del Duomo de Módica y que realicé con una exposición de 13 segundos.
Además de la sillería que lo rodea,  puede observarse ese enorme retablo pintado de gran belleza y todo ello enmarcado por esas paredes blancos que de algún modo reflejaban la poca luz que hay dentro del lugar.
Tras moverme con soltura por la planta de la catedral, mi acompañante me comentó que por un simple €uro podía subirse al campanario, así que me dirigí nuevamente al “anfitrión” y le pregunté si era él a quien debía comprarle el ticket que daba acceso al mencionado campanario; me contestó afirmativamente y además me dijo que si si, que subiera que tendría unas bonitas vistas para hacer fotos. Le hice caso, y una vez más allí estaba yo en las alturas, en medio de unas enormes campanas divirtiéndome con la cámara.
Hasta aquí la parte que a mí me concierne y con la que ya nos disponíamos a decir adiós al  templo.
Bajo del campanario y cuando estaba apenas a tres metros de la entrada principal viendo la posibilidad de hacer una última fotografía a contraluz, observo que por la puerta acceden, un hombre algo más mayor que yo y un jovencito que parecía ser su hijo; mientras tanto en la puerta se quedaba la mujer del mismo sin llegar a entender por qué no entraba pero enseguida me di cuenta del motivo, llevaba una camiseta de asas, una de esas prendas indecorosas a los que la iglesia por lo visto le tiene pavor, supongo que por si alguien dentro de la iglesia ve unos hombros y se pone cachondo…. argggg.
Hay costumbres estúpidas y también estúpidas costumbres..... supongo que muchos habréis comprobado igual que yo, como en muchos (por no decir en la inmensa mayoría) de los templos religiosos está prohibido entrar mostrando los hombros, al menos en el caso de las mujeres, y es por ello que en el interior de esos recintos religiosos siempre hay algún "bendito" que le sugiere a la mujer de turno que se ponga algo sobre los mencionados hombros o como muchas veces también sucede, ellos mismos tienen unas pequeñas capas para prestar  y que de ese modo las féminas puedan darles uso con el fin de acceder sin mayor problema al "santo lugar".
Me resulta complicado, muy complicado razonar y encontrar sentido a cuál es la falta de respeto que representa que una mujer muestre parte de su piel en un lugar así y más cuando ello queda a juicio de esa calaña retrógrada y perversa que es la iglesia,  más allá de que entre sus miembros pueda haber (que no lo dudo) gente que merezca la pena. Sin embargo yo me quedo con esas manzanas podridas que viven dentro de esa organización y que incluso son protegidos dentro de la misma.
En fin que la mujer se quedó justo en la puerta de entrada apoyada en el marco de la misma mientras el marido y el hijo paseaban por el interior; nuestro protagonista entonces que por allí estaba, atendió gustosamente una consulta de la mujer sobre, creo recordar, algo relacionado con las fechas en las que se construyó la catedral y ya enlazaron con más temas mientras yo por allí seguía intentando ver que foto final iba a realizar.
Fue entonces cuando sucedió algo que me encantó, el hombre sugirió a la mujer que no se quedara en la puerta y entrara al interior para observar más de cerca lo que desde allí contemplaba con tanto interés y entonces ella le señaló con uno de sus dedos índices como sus hombros estaban desnudos y que no podía entrar. 
Con el rostro bastante serio el hombre se la quedó viendo y le dijo...: "Aquí mando yo, y si yo le digo que puede entrar es que puede entrar y no hay más que decir...”.  Y así fue como la mujer entró en el edificio y fue al encuentro de su marido e hijo "enseñando" unos morenos hombros dentro de aquella iglesia.
¡Olé! una vez más por aquel pragmático personaje que ajeno a costumbres o creencias estúpidas, ejercía de un modo fantástico  su cometido, de atender a todos los curiosos que nos allegábamos a disfrutar de la belleza de aquel lugar que es la principal atracción de la ciudad de Módica.
Esto es todo, besos y abrazos.


Ger.


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B uenos días, miércoles ya, Hoy lo explico para aquellos que viven fuera de España, parece que en nuestro país en el día de hoy no va a suce...