Sin embargo, sucede a menudo (al menos en nuestro caso) que un viaje o una excursión viene en parte condicionada por algún motivo más o menos importante; en el caso de este viaje, el "hasta donde llegamos" vino condicionado por un lugar que siempre había querido conocer en persona y que a la postre sería el lugar más lejano de nuestra ruta.
No es un lugar bonito, para nada, tampoco es que sea feo pero desde luego un lugar donde miles de personas han sido asesinadas nunca va a despertar sensaciones agradables, el lugar en cuestión es el campo de concentración de Auschwitz.
Después de ver películas, documentales y escuchar testimonios sobre lo allí acaecido, quería contemplar con mis propios ojos aquel lugar que en su día fue sinónimo de terror.
Se calcula que fueron más de ¡¡1 millón!! de personas las que allí fueron asesinadas y de las cuales la gran mayoría, unas 900.000, eran judíos.
Quizás por los años que ya tiene uno, o por estar al tanto de muchas cosas, la visita no me resultó tan dura o dramática como de entrada podía imaginar, algo que no le sucedió de igual manera a un chico de unos 13 años que iba con sus padres en nuestro grupo, y lloraba por momentos desconsoladamente mientras escuchaba lo que nuestra guía explicaba sobre las atrocidades que allí se perpetraron.
Yo iba con intención de llevar las cámaras y no hubo ningún problema al respecto eso sí, en un par de lugares estaba totalmente prohibido realizar fotografías lo cual escrupulosamente todos respetamos.
La visita que se realiza en los dos campos de concentración que forman el complejo dura más de cuatro horas, y durante la misma os aseguro que esta se realiza en un silencio sepulcral, y no es porque nadie haga especial hincapié en ello, creo que todos los que pisamos aquel lugar éramos conscientes de lo que allí se había producido y de algún modo tenías el corazón encogido.
Aunswitch I es por donde comienza la visita, se trata de un complejo de barracones donde además de acoger a los prisioneros también se llevaban a cabo labores administrativas, el lugar había pertenecido al ejército polaco y ahora la Alemania nazi le daría otro "uso".
Y luego está Auschwitz II (Birkenau): Construido a partir de 1941 a unos 3 kilómetros del campo principal. Fue diseñado específicamente como una fábrica de muerte para cumplir con la llamada "Solución Final". Contaba con vías de tren directas al interior y cuatro enormes cámaras de gas con crematorios que utilizaban el pesticida Zyklon B.
La llegada a este segundo campo de concentración, de unas dimensiones gigantescas, se realizaba en un tren que accedía hasta el interior del campo donde acababan las vías. Las víctimas llegaban hacinadas en trenes de mercancías tras trayectos que podían durar días enteros sin agua ni comida. Al bajar en la rampa de Birkenau, los médicos de las SS realizaban una selección inmediata y separaban entre "aptos" y "no aptos". Estos segundos, engañados con la excusa de que iban a darse una ducha para desinfectarse, eran asesinados en cámaras de gas y posteriormente los cuerpos se llevaban a los crematorios donde se los hacía "desaparecer".
Y ahí me quedé un buen rato sentado en las vías del tren y pensando en los gritos, en el miedo y el terror de esas personas que no sabían cuál iba a ser su destino, separados de sus maridos, mujeres, hijos y la suerte que estos otros correrían.
No voy a entrar en detalles más escabrosos pero aquel es un lugar (yo al menos lo viví así), donde se respira DOLOR.
Además de eso, yo al menos, me cuestiono cómo somos capaces de llegar a eso y que además estas cosas se repitan, de formas diferentes si se quiere, pero con un trasfondo similar.
En fin, de la visita a ese campo del "horror" y de las muchas fotografías que hice, me quedo con esta que para mí representa el final del viaje para todos aquellos que llegaban hasta allí y antes de que los despojaran del mayor tesoro que todos tenemos, LA VIDA.
No os pongáis demasiado tristes, sí estás leyendo esto es porque cuentas todavía con esa vida de la que hablo y no has sufrido atrocidades de este tipo; toca seguir viviendo lo más feliz posible, eso sí, sin borrar ni ignorar aquello que nunca debió suceder y que ojalá nunca se vuelva a repetir aunque esto último me parece una quimera.

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