sábado, 17 de enero de 2026

¿Viajamos en el tiempo?

No sé si os sucede lo mismo a vosotros, en ocasiones, cuando me encuentro en ciertos lugares o incluso cuando una imagen o un sonido me zarandean de tal modo como si despertara de un letargo, mi imaginación se activa dando lugar a todo tipo de pensamientos, conjeturas, etc.

Esto mismo me sucedió hace escasas semanas cuando revelaba las fotografías tomadas en los alrededores del Coliseo romano, recordando al mismo tiempo el instante en el que las había tomado, a plena noche.

Uno está en los alrededores de tan formidable edificación como es el Coliseo y le vienen a la mente las imágenes y relatos que siempre ha escuchado de los juegos que allí dentro tenían lugar, especialmente todo lo concerniente a los gladiadores dirimiendo su tragedia de vivir o morir en la arena,  jaleados por miles de personas ávidas de sangre.

 

Mientras observo la fotografía que hoy os comparto con ese cielo raso donde se aprecia la luna y el anfiteatro iluminado pero en silencio, mi cerebro intenta imaginar cómo sería esa noche previa a combatir en la arena para un gladiador cualquiera. 

Seguramente, o no, es fácil que por su mente pasara la idea de que en breves horas no sabría si permanecería con vida o quizás, algún otro semejante lo hiciera postrarse ya moribundo. 


Y ante esos pensamientos, ¿intento imaginar cuáles serían sus sentimientos? Quizás miedo, desesperación, tal vez pánico....


Desde luego no creo que fueran sensaciones agradables, incluso para aquellos que habían pasado por aquel trance en otras ocasiones y saliendo victoriosos.


Retrocedo esos dos mil años que nos separan de aquella época, he imagino una doble circunstancia, la de no ser capaz de dormir por todo lo que acontecerá  al día siguiente pero al mismo tiempo esos mismos pensamientos les impedían conciliar  el sueño y por lo tanto descansar para dar lo mejor de sí mismos en aquellos combates a vida o muerte.


Complicada tesitura aquella de unos "guerreros" creados para dar espectáculo y desde luego por la que no siento envidia alguna. Y mientras todos estos pensamientos se acumulaban en mi mente, caminaba por los restos de un foro romano en el que si las piedras hablaran me habrían contado miles de historias.

 

La noche en la antigua Roma.....

 

¡Ave, César!





 

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